27 nov. 2011

Capítulo 46


El futuro de la arqueología, desde fuera de la arqueología
José Manuel Peque Martínez

Para mí la Arqueología es un campo tan importante como mal tratado y peor conocido dentro de nuestro país. Y creo que el fondo de la cuestión no es un problema de base, ni de metodología, ni de financiación pública, que también, sino esencialmente de difusión y divulgación.
En nuestro país sí se realizan acciones encaminadas al conocimiento de nuestro patrimonio, lo que ocurre es que esas acciones no tienen demasiado eco dentro de nuestra sociedad debido a que no se publicitan lo suficiente. En ocasiones ni siquiera en los municipios donde se hallan museos o yacimientos musealizados existe una correcta información acerca de lo que allí se encuentra.
Y ni que decir tiene que donde no hay una correcta información, no hay público, y donde no hay público no hay dinero, y por lo tanto no hay inversión para realizar un mantenimiento correcto.
Hay que ahondar en esta idea y en otra que he ido observando en estos años de contacto con el mundo arqueológico profesional: la falta de unión y de acuerdo a la hora de realizar los trabajos y cómo hacerlos. Particularmente conozco el caso de Madrid, que es el lugar donde me muevo. Aparte de una sección en el CDL,  sólo existe una asociación profesional, la AMTTA (Asociación Madrileña de Trabajadoras y Trabajadores en Arqueología), con una participación baja.
Evidentemente sin unión no es posible una línea de actuación común ni mucho menos  una única voz para reclamar aquello que actúe en mejora de las condiciones de trabajo de los arqueólogos. Sin unión no es posible informar de forma correcta como se deberían divulgar los hallazgos ni tampoco qué líneas seguir para su correcta conservación.
En definitiva: donde falla la unión, falla todo el sistema, porque todo depende de la fuerza conjunta que ponga un colectivo en defender lo suyo.
Sé lo difícil y lo utópica que puede resultar esta idea, pero creo que en este tema urge comenzar por los cimientos antes de pensar en otras cuestiones como el beneficio personal. Los campos de estudio que no han recibido una atención excesivamente cuidada por parte de la administración ni por las empresas privadas, ni mucho menos por el público, como es el caso de la arqueología, necesitan demostrar eficacia, cohesión y cercanía.
Efectivamente, eso se tiene que trabajar. Y mucho. Si se quiere un futuro para la arqueología en España, y se quiere que este sea un futuro donde los esfuerzos  empiecen a dar sus frutos hay que sembrar y cultivar para recoger.
Un profesional  puede ser muy bueno en su campo, pero sin cobijo y apoyo de sus colegas no es nadie. Un yacimiento del Calcolítico en la provincia de Ávila, por ejemplo, puede ser un gran hito dentro de la arqueología española, pero si ni siquiera en el lugar donde se encuentra lo conocen y si ni siquiera está correctamente señalizado a 500 metros de su ubicación, jamás será valorado, divulgado, y muchísimo menos respetado, ni por las instituciones ni por el público. Y acabará echado  a perder, como un miembro más de la ya por desgracia extensa lista de los yacimientos que acabaron abandonados, destrozados y cubiertos de basura.
Por eso, como conclusión, para que la Arqueología española tenga futuro, se necesitan dos cosas tan sencillas como a la vez complejas: Unión y Divulgación. Si se consiguen en los próximos años quizás el actual pesimismo y sensación de indefensión se transformen en unas gotas de ilusión.
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José Manuel Peque es filólogo y aficionado a la arqueología, tema sobre el que escribe en plataformas digitales como suite101 o divulgahistoria.

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