25 dic. 2011

Capítulo 47

Arqueozoología: Crisis de la crisis
Víctor Bejega García
Como la gran mayoría de arqueólogos, cursé la Licenciatura de Historia, teniendo que cursas todas las asignaturas de Prehistoria, Arqueología y Museología posibles para alcanzar una aproximación teórica al asunto, completando la parte práctica con las ya famosas excavaciones veraniegas. Pero, por suerte, en la Universidad de León, el Laboratorio de Prehistoria estaba abierto a los alumnos, por lo que durante el año tenia la posibilidad de trabajar con materiales.
Fue en ese momento, cuando de la mano del profesor Carlos Fernández Rodríguez, inicié mi formación arqueozoológica, concretamente en la rama de la Arqueomalacología. La formación en este tipo de disciplinas es compleja. Si un arqueólogo tiene difícil la formación para aprender a llevar una excavación, en nuestro caso se trabaja abriendo camino. La casi ausencia de publicaciones, manuales o cualquier tipo de material académico al respecto, obliga a buscar la especialización con esfuerzo e ingenio. Junto a mi compañero Eduardo González, especializado en ictioarqueología, hemos recorrido pescaderías, recogido conchas de las playas y pidiendo a los amigos y familiares que nos guardasen los restos de pomposas comidas. Todo para organizar una colección comparativa que facilitase nuestro trabajo.
Pero nuestra lucha no sólo era con nosotros mismos, con desarrollar una metodología de estudio, un marco práctico y teórico. Nuestra lucha también era contra el resto de arqueólogos. Y es que, la Arqueozoología lleva años en crisis, víctima colateral del incremento de excavaciones. La dinámica era demasiado simple. Las empresas arqueológicas recortaban presupuestos para lograr la concesión de obra, por lo que necesitaban “agilizar” los trabajos. Además, los Museos, superados por la gran cantidad de excavaciones desarrolladas, se veían desbordados y no contaban con espacio suficiente para almacenar materiales. Ante la pasividad de administraciones, empresas y museos, se generó una práctica común de no recoger todos los materiales, siendo la fauna el principal sacrificado. Sabemos que es frecuente recoger mucho material, inventariarlo y almacenarlo en el museo, sin estudiar, pero al menos recogido. Pero en nuestro caso, ni siquiera contábamos con esa oportunidad.
He sido testigo de la aplicación de criterios de selección de materiales basados en cuestiones tan científicas como “recoge los huesos grandes”, “recoge sólo lo identificable” (¿por quién?), “coge un par de conchas y tira el resto”. No me imagino tirando media fíbula o medio plato de terra sigillata únicamente por que no estén completas, basándome en criterios sin fundamento sobre un material del que apenas conozco nada. Y sin embargo, es lo que ocurre.  En uno de mis últimos trabajos, he tenido que recoger, bajo mi ética profesional, más de 200 kg de restos faunísticos, que representaban una de las mayores colecciones faunísticas de un yacimiento romano en Castilla y León, cuyo destino era la escombrera.
Esto me hace reflexionar, plantearme qué arqueología se estaba haciendo. Soy consciente de que se han realizado muy buenos trabajos, pero también muy malos. Hemos realizado miles de excavaciones, pero hemos perdido información muy valiosa. ¿De qué nos sirve excavar cientos de yacimientos si no se estudian? ¿Para qué tanto trabajo si luego el material, en el mejor de los casos, se almacena en el museo a la espera de caer en el olvido? ¿Qué futuro les espera? Para muchos arqueólogos, la respuesta es simple. Ya lo estudiarán, becarios-precarios que realicen su tesis doctoral y necesiten materiales. ¿Acaso no es un neo-coleccionismo disfrazado con metodologías de recuperación y contextualización?
Por mi experiencia, creo que uno de los campos de futuro que debemos trabajar los arqueólogos es el estudio de los materiales almacenados. Necesitamos “salvar” las excavaciones realizadas en estos años ahora que estamos a tiempo, estudiar los materiales y completar esos puzles que aún quedan pendientes. Porque la puesta en valor y la construcción de un discurso didáctico requiere tener algo verdadero que contar, y para ello es necesario estudiar los materiales y contextualizarlos con el resto de datos, para obtener un verdadero discurso arqueológico. La tan nombrada interdisciplinaridad de la que todo el mundo habla y solo unos pocos practican.
La tarea de promover estos trabajos, probablemente debería recaer en las Administraciones, pero Universidades y empresas tienen algo que decir. Pero es una reflexión que pocos han realizado. Si se consiguiese avanzar en este camino, la tan ansiada colaboración entre Universidad  y empresas sería factible, se podrían generar puestos de trabajo, se contribuiría a solucionar la problemática de los Museos y se arrojaría mucha más luz a los estudios arqueológicos, reflejado, no sólo en un aumento exponencial del conocimiento histórico y arqueológico, sino también en una mayor veracidad del discurso expositivo.
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Víctor Bejega García. Licenciado en Historia por la Universidad de León, cursé todas las asignaturas de Arqueología y Prehistoria de la carrera, asistí a todas las excavaciones veraniegas que pude y trabajé en el Laboratorio de Prehistoria de la ULE desde 1º para aprender sobre materiales y trabajo de laboratorio. Me especialicé en Arqueomalacología y compaginé mis estudios de doctorado con el trabajo en arqueología de gestión (cuando había suerte) y en lo que fuese saliendo, para poder financiar mi Tesina de Licenciatura, el DEA y, actualmente, la Tesis. No recibí ni una sola beca, pues las instituciones leonesas las retiraron y las de CyL las disminuyeron a cotas ridículas. Actualmente, trabajo como arqueólogo de fortuna. Si tienen la suerte de encontrarme, quizá pueda hacerles un estudio arqueomalacológico.

1 comentario:

  1. Buenas Victor. Comparto todas y cada una de las cuestiones a las que te refieres en el articulo de las charlas de cafe de jaime. Como arqueólogo de fortuna, intente en si día que parte del material faunistico recogido (por mi) no fuera carne de almacen. Mi intento dió unos pequeños frutos antes de que la crisis nos comiera. Te dejo link (http://dialnet.unirioja.es/servlet/listaarticulos?tipo_busqueda=EJEMPLAR&revista_busqueda=12570&clave_busqueda=211696 pag.99-106)
    Un saludo.

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