12 feb. 2012

The Southport Report

Southport Pier hace mucho mucho tiempo
Southport es una joven y encantadora ciudad del noroeste de Inglaterra, muy cerca de Gales. A pesar de ser fundada muy a finales del siglo XVIII, pronto se convirtió en un atractivo turístico para la incipiente clase burguesa de Leeds y Liverpool. Hoy sigue siendo un lugar de vacaciones con el segundo malecón más grande del país y eminentes edificios victorianos en los que hasta el mismísimo Napoleón III pasó algún tiempo.
En 2010, el gobierno británico sacó adelante la PPS5, una nueva política de planeamiento que sustituía a las hasta entonces esenciales PPG15 y 16. ¿Cuál era la diferencia? Por un lado, una visión más holística del paisaje cultural y el contexto histórico, lo cual parecía bueno. Por otro, una aparente preeminencia de las opiniones de base (sociales) en el planeamiento, que pronto se intuyó como un posible problema para el sector del patrimonio. ¿Qué iba a decidir un vecino? Demasiado arriesgado.
Ese mismo año, la conferencia anual del IfA (la principal asociación de arqueólogos de las islas) se celebraba en Southport y allí nació un grupo de profesionales diverso y comprometido que durante algo más de un año se dedicó a redactar el Southport Report.
Como resultado, un informe pormenorizado en el que se analizaba dónde estaba el sector patrimonial británico y hacia dónde quería caminar. 28 instituciones y asociaciones participaron del periodo de redacción en el que 14 profesionales, entre los que estaban pesos de la arqueología británica como Mike Heyworth, Chris Gosden o Roger Thomas, llevaron a cabo el análisis más exahustivo del sector que se recuerda, apoyados por otros textos y consultorías que se venían realizando para analizar el impacto de la crisis (por ejemplo, este de Kenneth Aitchison).
¿Para qué sirve? En España diríamos que es papel mojado. Sin embargo, allí ha marcado las bases de las apelaciones a la nueva ley de planeamiento desde una perspectiva realmente colectiva, representativa y comprometida con el desarrollo del sector y de las buenas prácticas en la disciplina.
A los que les gusta criticar lo anglosajón, dirán que allí las cosas no están mucho mejor, que las empresas pagan mal y hay piratería, que las leyes no se cumplen, que el expolio está a la orden del día y auspiciado por el PAS... y no le faltará razón. Son modelos de gestión y de sociedad completamente distintos y por ello no se pueden comparar de igual a igual. Lo que quiero comparar aquí es el fenómeno colectivo.
Gerry Wait, actual presidente de IfA me preguntó hace poco por qué no teníamos algo parecido en España, si el volumen de negocio era mucho mayor al británico (por lo que se observaba de los datos de intervenciones, que es lo único que tenemos). ¿Alguien me quiere dar la respuesta? Porque después de más de cinco años intentando corporativizar la profesión de diferentes maneras, lo único que he visto ha sido desgana, pasotismo y malos rollos.
COLECTIVO es la palabra esencial para el futuro de la arqueología y seguimos sin verlo, sin crearlo y seguramente, sin quererlo. Pero sin COLECTIVO siempre seremos unos miserables, arrastrándonos por los despojos de una construcción que nunca será lo que ha sido. La solución está en vuestras manos.
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[Debate iniciado por:  Jaime Almansa Sánchez]

1 comentario:

  1. Tú que tienes experiencia como yo en Reino Unido, sabrás que las relaciones aquí se establecen de modo muy diverso a como se desarrollan en España. La relación entre los profesores de arqueología y los alumnos es mucho más "horizontal" y, por lo menos en mi caso, siempre me han ayudado en lo que he necesitado, incluso sin conocerme (lo que no significa que en España haya casos también así, que no lo pongo en duda porque también los conozco).
    La arqueología anglosajona lleva años también desarrollando la "community archaeology", que, aunque no siempre se lleva a cabo como debería (yo soy la primera que tiene sus reparos y que lanza varias críticas), lo cierto es que es una iniciativa bastante loable, porque no sólo la llevan a cabo en comunidades indígenas, sino en las propias ciudades o regiones donde se encuentran las universidades.
    En Glasgow, por ejemplo, varios profesores están implicados en actividades didácticas con colegios e institutos donde se enseña a los alumnos el patrimonio arqueológico, su conservación y su importancia. Las empresas en Reino Unido, al menos en Escocia, trabajan con gente de la universidad en una relación de retroalimentación. Algunas excavaciones de empresa se nutren en ciertos momentos de alumnos de doctorado o de máster que quieren aprender in situ., así como de la colaboración con la universidad.
    Eso no existe en España. Son relaciones más heterárquicas, donde la universidad no es el máximo exponente, sino el lugar de formación primero, y de consejo después. Las empresas son otro polo importante y muchos doctores terminan trabajando en ellas porque no hay plazas para todxs, y eso en la universidad lo saben y lo apoyan.
    Si desde el principio desarrollas tus estudios e investigaciones en ambientes así, es lógico que sea más sencillo formar colectivos mucho más concienciados. Aunque el individualismo británico es uno de los más desarrollados, lo cierto es que en estos aspectos nosotros somos más individualistas que ellos, y así nos va...

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